miércoles, 17 de abril de 2013

Ordenación Sacerdotal de Héctor Henríquez y Pedro Aranzamendi


Nuesta Parroquia se regocija y bendice a Dios por los frutos recibidos al consagrar en el orden del Sacerdocio a dos hijos de nuestra ciudad, Pedro Alfonso Aranzamendi Zetino y Héctor Leonel Henríquez Alvarenga; la ceremonia se realizó el sábado 13 de abril en el templo Parroquial, celebrada por Monseñor José Luis Escobar Alas.



Presbítero Pedro Alfonso Aranzamendi Zetino
Nació el 4 de noviembre de 1982, es hijo de María Ángela Zetino Torres y de Arcadio Aranzamendi; es el menor de 5 hermanos. Sus estudios de educación básica los realizó en el Centro Escolar Presbítero Nicolás Aguilar, luego en el Centro Escolar Profesor Emilio Urrutia López; los estudios de bachillerato los realizó en el Instituto Nacional de Tonacatepeque; estudió por un año lenguas modernas, especialidades en inglés y en francés en la Universidad de El Salvador; tiempo después ingresó, en 2007, al Seminario Mayor de Filosofía Beato Juan XXIII, ese mismo año fue enviado a España para continuar sus estudios en el Colegio Internacional Bidasoa; en mayo de 2012 regresó para ser ordenado Diácono, siendo destinado como colaborador de la Parroquia San José El Paisnal.
 

Presbítero Héctor Leonel Henríquez Alvarenga
Nació en Cantón La Fuente, Tonacatepeque, el 20 de abril de 1988, es hijo de José Héctor Henríquez Rivas y Danubia del Carmen Alvarenga, es el primero de 4 hijos, cursó sus estudios de educación básica en el Centro Escolar Rosendo Rodríguez y sus estudios de bachillerato en el Instituto Nacional de Tonacatepeque, en el año de 2006 ingresó en el Seminario Propedéutico y en agosto de 2007 fue enviado a Roma para continuar sus estudios en el Colegio Internacional Eclesiástico Sedes Sapientiae; en julio de 2012 regresó a El Salvador para ser ordenado Diácono el 6 de octubre de 2012, siendo destinado como colaborador parroquial a la Catedral Metropolitana de San Salvador.

¡Qué alegría celebrar la vocación sacerdotal! Como dice San Juan M. Vianey: "Un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina".

¡Démosle gracias a Dios por nuestros sacerdotes, oremos por ellos y pidámosle a Dios que nos conceda vocaciones en nuestra familia!
 

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